Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro —Viene de una familia irreprochable, según entiendo —dijo la esposa del pastor—, y no es ni sombra de la mosquita muerta que se supone debe ser una institutriz. De hecho, después de Teresa, bien puede ser la personalidad más dominante y combativa de la vecindad. Le ha señalado toda clase de errores a los sermones de mi marido y le dio a sir Laurence una reprimenda pública sobre cómo se debe manejar a los perros. Ya sabes lo sensible que es sir Laurence con las crÃticas a su cargo de jefe de traÃlla; y que una institutriz le hablara en forma autoritaria estuvo a punto de producirle un ataque. Se ha comportado asà con todo el mundo, excepto, claro, con Teresa; y, por desquite, todo el mundo se ha mostrado descortés y a la defensiva con ella. Ahora bien, ¿no es ésa precisamente la clase de mujer que a Teresa le encantarÃa entronizar como sucesora? ImagÃnate el disgusto y la incomodidad en el condado si descubriéramos que ella iba a ser la futura anfitriona de la mansión. Lo único que le pesarÃa a Teresa serÃa no vivir para verlo.
—Pero —objetó la señora Yonelet— seguramente Bertie no ha dado la menor seña de sentirse atraÃdo en esa dirección.