Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro —Si estuviera muy ansioso por hacerlo —dijo Adela Pingsford con bastante enfado—, yo no habrÃa venido aquà a charlar con usted al respecto. Estoy prácticamente sola; la criada tiene la tarde libre y la cocinera anda postrada con un ataque de neuralgia. Si algo aprendà en la escuela o después en la vida sobre como se saca un buey enorme de un jardÃn pequeño, se me acaba de borrar de la memoria. Sólo se me ocurrió pensar que usted es mi vecino y que es pintor de reses, presumiblemente más o menos versado en los temas que pinta, y que tal vez podrÃa darme una ayuda mÃnima. A lo mejor me equivoqué.
—Pinto vacas lecheras, en efecto —admitió Eshley—, pero no podrÃa afirmar que haya tenido la menor experiencia en arrear bueyes extraviados. Lo he visto hacer en el cine, por supuesto, pero siempre habÃa caballos y muchos otros accesorios. Además, nunca se sabe qué tanto es simulacro en esas cintas.