Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro —Señor Eshley —dijo Adela con voz trémula—, pedà que sacara a esa bestia de mi jardÃn, pero no le pedà que la metiera en mi casa. Si tengo que tenerlo en cualquier parte de la propiedad, prefiero el jardÃn a la salita matinal.
—La arrierÃa no es mi especialidad —aclaró Ashley—. Si no recuerdo mal, se lo conté desde el principio.
—Estoy totalmente de acuerdo —replicó la dama—. Usted está bueno para pintar lindos cuadritos de lindas novillitas. ¿No le apetecerÃa hacer un buen boceto de ese buey poniéndose a sus anchas en mi sala?
Pareció que esta vez sà lo habÃa tocado en la herida. Eshley hizo ademán de marcharse.
—¿Adonde va? —gritó Adela.
—A traer utensilios —fue la respuesta.
—¿Utensilios? No voy a permitir que use un lazo. Destrozarán el cuarto si hay un forcejeo.
Pero el artista se marchó del jardÃn. En un par de minutos regresó, cargando caballete, banquillo y materiales de pintura.
—¿Quiere decir que pretende sentarse tranquilamente a pintar esa bestia mientras acaba con mi sala? —resolló Adela.
—Fue sugerencia suya —dijo Eshley, al tiempo que preparaba el lienzo.