Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro Al oriente de Budapest su complacencia empezó a esfumarse; y cuando vio que su marido trataba al mar Negro con una confianza que ella misma había sido incapaz de tomarse con el canal de la Mancha, los recelos comenzaron a asediarla. Las aventuras, a las que una mujer de mejor crianza les habría encontrado un lado divertido y seductor, apenas despertaban en Vanessa la doble sensación de miedo y de fastidio. La picaban las pulgas, y estaba convencida de que únicamente el puro hastío impedía que los camellos obraran de igual modo. Clyde hacía lo posible y lo imposible por darle un toque de banquete a las dilatadas comidas del desierto; y hasta el heidsieck granizado en nieve perdía el gusto cuando se tenía la convicción de que el moreno escanciador que lo servía con tal gracia y respeto sólo esperaba la ocasión propicia de degollarlo a uno. En vano intentaba Clyde recomendar la lealtad de Yussuf, difícil de encontrar en un sirviente occidental. Vanessa tenía la suficiente instrucción para saber que todas las personas de piel morena matan con la misma frescura con que la gente de Bayswater toma clases de canto.