La reticencia de Lady Anne
La reticencia de Lady Anne En voz más baja, pero perfectamente audible aún, la velada dama le proporcionó una información inusitada.
—Aquí tienen unas excelentes naranjas de Jaffa. —Luego, con una risita reticente, salió de la tienda.
El hombre volvió la vista en derredor por toda la tienda y al fin, fijando los ojos instintivamente en la barrera de latas de galletas, le preguntó en voz alta al tendero:
—¿Tiene usted, quizás, buenas naranjas de Jaffa?