La reticencia de Lady Anne
La reticencia de Lady Anne —Pero si hay mucha hierba en ese prado —protestó el niño—; no hay más que hierba en él. TÃa, en ese prado hay muchÃsima hierba.
—Tal vez la hierba del otro prado es mejor —sugirió la tÃa sandiamente.
—¿Por qué es mejor? —brotó la inmediata e inevitable pregunta.
—¡Oh, mira esas vacas! —exclamó la tÃa. En casi todos los campos, a todo lo largo de la vÃa, habÃa vacas y bueyes, pero ella lo dijo como si volcara su atención sobre una rareza.
—¿Por qué es mejor la hierba del otro prado? —persistió Cyril.
En el rostro del joven caballero el entrecejo tornábase un profundo ceño. Era un hombre insensible y antipático, decidió la tÃa para sus adentros. Se sentÃa totalmente incapaz de llegar a alguna decisión satisfactoria acerca de la hierba del otro prado.