La reticencia de Lady Anne

La reticencia de Lady Anne

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Georg Znaeym permaneció en silencio tanto tiempo que Ulrich pensó que acaso había sucumbido al dolor de sus heridas. Al fin, habló lenta y entrecortadamente.

—Qué pasmados se iban a quedar todos y cuánta comidilla habría en toda la región si nos vieran llegar cabalgando juntos a la plaza del mercado. No hay ser viviente que haya visto a un Znaeym y a un von Gradwitz hablándose amistosamente. Y qué paz reinaría entre las gentes de los bosques si pusiéramos fin a nuestro pleito esta noche. Y si decidimos hacer las paces entre los nuestros no hay nadie que interfiera, no hay intrusos ajenos… Tú vendrías a pasar la noche de San Silvestre bajo mi techo y yo asistiría al festín en algún día señalado a tu castillo… No volvería a disparar un solo tiro en tus tierras excepto cuando me invitaras y tú vendrías a cazar conmigo allá en los marjales, siempre llenos de patos y otras aves. En toda la comarca no hay quien pueda impedirnos, si nosotros lo deseamos, hacer las paces. Nunca pensé que pudiera ambicionar otra cosa que odiarte, en toda mi vida, pero creo que yo también he cambiado de opinión sobre el particular en esta última media hora. Y me ofreciste tu petaca de vino… Ulrich von Gradwitz, seré tu amigo.



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