La reticencia de Lady Anne
La reticencia de Lady Anne —Tal vez a usted le gustarÃa contarles un cuento —fue, a su vez, la réplica de la tÃa.
—Cuéntenos un cuento —pidió la mayor de las niñas.
—Érase una vez —comenzó el joven—, una niñita llamada Bertha que era extraordinariamente buena.
El interés infantil, momentáneamente despertado, empezó a decaer al instante; todos los cuentos parecÃan horriblemente similares, independientemente de quién los contara.
—HacÃa todo lo que le mandaban, decÃa siempre la verdad, mantenÃa sus vestidos limpios, se comÃa las gachas como si fueran tartas de confitura, se aprendÃa las lecciones perfectamente y era de modales educados.
—¿Era guapa? —preguntó la mayor de las niñas.
—No tan guapa como vosotras —respondió el joven—, pero era horriblemente buena.
Se produjo un movimiento de reacción a favor del cuento; la palabra horrible asociada con bondad era una novedad que se recomendaba por sà sola. ParecÃa introducir una aureola de autenticidad que se hallaba ausente de los cuentos infantiles de la tÃa.