La reticencia de Lady Anne
La reticencia de Lady Anne —En el parque no habÃa ovejas porque —dijo el caballero— la madre del prÃncipe habÃa soñado una vez que a su hijo le matarÃa o una oveja o un reloj que se le caerÃa encima. Por esa razón, el prÃncipe no tenÃa ovejas en su parque ni relojes en su palacio.
La tÃa contuvo una boqueada de admiración.
—¿Y al prÃncipe le mató una oveja o un reloj? —inquirió Cyril.
—Aún vive, asà que no podemos saber si el sueño se convertirá en realidad —dijo el joven con despreocupación—; sea como fuere, en el parque no habÃa ovejas pero habÃa montones de cerditos correteando por todas partes.
—¿De qué color eran?
—Negros con la cabeza blanca, blancos con motas negras, totalmente negros, grises con manchas blancas y algunos eran blancos por completo.
El narrador hizo una pausa a fin de permitir que en la imaginación de los niños calara una idea global de los tesoros del parque; luego resumió:
—Bertha se puso bastante triste al descubrir que en el parque no habÃa flores. HabÃa prometido a sus tÃas, con lágrimas en los ojos, que no cortarÃa ninguna de las flores del gentil prÃncipe y se habÃa propuesto cumplir su promesa, asà que le hizo sentirse como una tonta el comprobar que no habÃa flores que cortar.
—¿Y por qué no habÃa flores?