La reticencia de Lady Anne
La reticencia de Lady Anne —DecÃais que no era posible que hubiera una rana en mi leche con sopas; habÃa una rana en mi leche con sopas —repetÃa, con la insistencia de un hábil estratega que no tiene intención de retirarse de un terreno que le es propicio.
AsÃ, pues, a su primo, a su prima y a su anodino hermanito iban a llevarles a la playa de Jagborough aquella tarde y él se quedarÃa en casa. La tÃa de sus primos, que insistÃa, mediante un injustificable esfuerzo de su imaginación, en intitularse también tÃa suya, habÃa planeado rápidamente la excursión a Jagborough a fin de hacerle patente a Nicholas las delicias que se perdÃa con toda justicia a causa de su deplorable conducta durante el desayuno. TenÃa por costumbre, siempre que era castigado alguno de los niños, improvisar algún acontecimiento de naturaleza festiva de la que el transgresor era excluido implacablemente; si todos los niños incurrÃan en pecado colectivo, eran informados inmediatamente de la presencia de un circo en alguna localidad de los alrededores, un circo de una excelencia sin rival e incontables elefantes al que, de no haber sido por su depravación, les habrÃan llevado aquel mismo dÃa.