La reticencia de Lady Anne
La reticencia de Lady Anne Y a fin de aminorar aquella catástrofe, Van Cheele, con toda premura, ocultó cuanto pudo de su nada bienvenido huésped bajo los pliegues del Morning Post. En ese momento entró su tÃa en la habitación.
—Éste es un pobre muchacho que ha extraviado el camino… y ha perdido la memoria. No sabe quién es ni de dónde viene… —explicó desesperadamente Van Cheele, dirigiendo aprensivas miradas al rostro de aquel indigente por ver si iba a añadir algún inoportuno candor a sus otras inclinaciones primitivas.
La señorita Van Cheele experimentó un vivo interés.
—Tal vez su ropa interior esté marcada —sugirió.
—Parece ser que la ha perdido en su mayor parte —dijo Van Cheele dando frenéticos manotazos al Morning Post para colocarlo en su sitio.
Un niño desnudo y sin hogar conmovÃa a la señorita Van Cheele tan cálidamente como un gatito extraviado o un perrillo desamparado.