La reticencia de Lady Anne
La reticencia de Lady Anne Un súbito silencio de lasitud y aprensión se abatió sobre los circunstantes. Había algo así como un cierto elemento de turbación en dirigirse en un plano de igualdad a un gato de reconocida habilidad vocal.
—¿Quieres un poco de leche, Tobermory? —preguntó Lady Blemley con un tono de voz un tanto forzado.
—Me da igual —fue la respuesta, deslizada en un tono de suave indiferencia. Un temblor de sofocada excitación se difundió entre los oyentes y hubo que excusar a Lady Blemley por rellenar el platillo de leche con mano un tanto insegura.
—Me temo que he derramado bastante —dijo en tono de disculpa.
—Después de todo, la Axminster[3] no es mía —fue la réplica de Tobermory.
Un nuevo silencio se abatió sobre el grupo, al cabo del cual la señorita Resker, con sus mejores modales de visitadora de distrito, preguntó si le había resultado difícil aprender el lenguaje humano. Tobermory la miró francamente por unos instantes y luego fijó serenamente su mirada en un punto lejano. Era evidente que esas enojosas preguntas quedaban fuera de su esquema de vida.
—¿Qué piensas de la inteligencia humana? —inquirió Mavis Pellington tenuemente.
—¿De la inteligencia de quién en particular? —preguntó Tobermory con frialdad.