La reticencia de Lady Anne
La reticencia de Lady Anne —Esas cosas, normalmente, no se discuten en público —dijo Tobermory glacialmente—. Una somera observación de su comportamiento desde que está usted en esta casa me induce a pensar que encontrarÃa usted inconveniente el que yo hiciera derivar la conversación hacia sus asuntillos.
El pánico que sobrevino no fue exclusivo del mayor.
—¿QuerrÃas ir a ver si la cocinera tiene ya lista tu cena? —sugirió apresuradamente Lady Blemley, afectando ignorar el hecho de que aún faltaban por lo menos dos horas para la cena de Tobermory.
—Gracias —dijo Tobermory—, aún está demasiado cercano el té. No quiero morir de indigestión.
—Los gatos tienen nueve vidas, ya sabes —dijo Sir Wilfried cordialmente.
—Tal vez —replicó Tobermory—, pero sólo un hÃgado.
—¡Adelaida! —dijo la señora Cornett—. ¿Estás tratando de animar al gato a que se vaya y cotillee sobre nosotros en la sala de la servidumbre?