La reticencia de Lady Anne
La reticencia de Lady Anne Lady Anne mantuvo su defensiva barrera de silencio. Displicentemente, el pinzón real colmó el intervalo con un aire de Ifigenia en Táuride. Egbert lo reconoció inmediatamente, ya que era el único aire que silbaba el pinzón y había llegado a sus manos con la reputación de silbarla. Tanto Egbert como lady Anne hubieran preferido algo de The Yeoman of the Guard[2], que era su ópera favorita. En materia de arte tenían un gusto similar. Ambos se inclinaban por lo sincero y explícito en arte; un cuadro, por ejemplo, que lo dijera todo por sí mismo, con la generosa ayuda de su título. Un corcel de guerra sin jinete, con el arnés en evidente estrago que irrumpe dando tumbos por un patio lleno de pálidas y desfallecientes mujeres y con la anotación, al margen, de “Malas noticias”, sugería a sus mentes una meridiana interpretación de catástrofe militar. Les permitía apreciar lo que se trataba de transmitir y explicárselo a sus amigos de inteligencia más obtusa.