La reticencia de Lady Anne

La reticencia de Lady Anne

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—Usted habrá oído hablar de curas de reposo o sosiego para personas quebrantadas por la tensión de las preocupaciones excesivas y la vida extenuante; pues bien, ustedes padecen un exceso de reposo y placidez y precisan el tipo de tratamiento opuesto.

—Pero, ¿a dónde dirigirme para tal cosa?

—Bien, puede usted presentarse como candidato orangista por Kilkenny[4] o hacer un curso de inspección zonal en uno de los barrios apaches de París, o puede dar conferencias en Berlín para demostrar que la mayor parte de la música de Wagner fue compuesta por Gambetta[5]; y siempre tiene el interior de Marruecos para viajar. No obstante, para que sea realmente efectiva, la cura de desasosiego hay que hacerla en casa. Cómo podrían hacerla ustedes… no tengo ni la menor idea.

En este punto de la conversación fue cuando Clodoveo quedó galvanizado por una viva atención. Después de todo, la visita de dos días a un anciano pariente de Slowborough no prometía ser muy apasionante. Antes de que el tren se detuviera había decorado el puño izquierdo de su camisa con la inscripción “J. P. Huddle. La Conejera. Tilfield, junto a Slowborough”.


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