La reticencia de Lady Anne
La reticencia de Lady Anne —Dice algo acerca de una tal Martha Pillamon —explicó cautelosamente.
—¿Qué dice?
—Es muy irrespetuoso —dijo Crefton—, dice que es una bruja. Esas cosas no deberĂan escribirse.
—Es cierta, cada una de esas palabras —replicó su oyente con una considerable satisfacción, añadiendo a modo de nota descriptiva propia—: El viejo escuerzo.
Y mientras se alejaba cojeando por el corral iba gritando con su voz cascada:
—¡Martha Pillamon es una vieja bruja!
—¿Ha oĂdo lo que ha dicho? —mascullĂł una voz tenue y colĂ©rica a espaldas de Crefton. Al girarse rápidamente pudo contemplar a otra vetusta anciana, flaca y arrugada, del color del pergamino y, evidentemente, en un estado de viva irritaciĂłn. Obviamente se trataba de Martha Pillamon en persona. El huerto parecĂa ser el lugar favorito para pasear de las mujeres de avanzada edad que habĂa en el vecindario.
—¡Es mentira, mentira cochina! —continuó la tenue voz—. Betsy Croot sà que es una vieja bruja. Ella y su hermana, la sucia rata. Les echaré un maleficio, las viejas chinchorras.
SegĂşn se alejaba renqueando despaciosamente su vista captĂł la inscripciĂłn de tiza en la puerta del henil.