La reticencia de Lady Anne
La reticencia de Lady Anne —No se me ocurre nada menos apropiado para convertir su tienda en un centro comercial de moda —dijo el artista con un auténtico sobresalto—. Si estuviera tratando de decidir entre los méritos de unas ciruelas de Carlsbad y de unos higos confitados como postre de invierno, me exasperarÃa que mis pensamientos se vieran complicados con los designios de la pequeña Beatriz de ser un Ãngel de Luz o una girl-scout. No —prosiguió—, el anhelo de obtener algo adicional a cambio de nada es una de las pasiones dominantes de la clientela femenina, pero es algo que usted, efectivamente, no puede permitirse. ¿Por qué no apelar a otro instinto que domina no sólo a la clientela femenina sino también a la masculina, de hecho a todo el género humano?
—¿Cuál es ese instinto, caballero? —dijo el comerciante.
La señora Greyes y la señorita Fritten acababan de perder el tren de las 2.18 para el centro y, puesto que no habrÃa ningún otro hasta las 3.12, se les ocurrió que también podÃan hacer la compra de comestibles en la tienda de Scarrick. No habÃa en ello nada de sensacional, en eso estaban de acuerdo, pero harÃan la compra al fin y al cabo.