A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —¿Cuál es la próxima procesión que se celebrará en público? Los indios hacéis muchas durante el año.
—La del maddu-pongol.
—¿De qué se trata?
—Es la fiesta de las vacas —indicó Tremal-Naik— que se solemniza en el décimo mes de tai, o sea en vuestro enero, para festejar el retorno del sol al septentrión. Sigue al gran-pongol, o sea la fiesta del arroz hervido en leche.
—Es verdad —asintió el ministro.
—¿Cuándo es? —preguntó Yáñez.
—Dentro de cuatro dÃas.
—Perfecto; para ese dÃa, el rajá tendrá su piedra de salagram.
El ministro se sobresaltó y miró a Yáñez con los ojos dilatados por el más profundo estupor.
—¿Bromea, milord? —preguntó.
—En absoluto, excelencia —contestó Yáñez—. Le doy mi palabra de honor de que la piedra volverá, a través del prÃncipe, a la pagoda de Karia.
—Yo no comprendo nada —dijo Kaksa.
—Y yo menos que usted —añadió Sandokán, que fumaba su cibuc sin que hasta entonces hubiera tomado parte en la conversación.