A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Ver rajá —contestó Yáñez.
—Es imposible, sahib.
—¿Por qué?
—El rajá está con sus mujeres.
—Yo ser gran milord inglés, amigo de la reina y emperatriz Indias. Todas puertas abrirse delante de mÃ, milord John Moreland.
—Al rajá no le gusta recibir gente de piel blanca, sahib.
—No sahib; yo ser gran milord.
—El rajá no recibirá ni a un milord. No quiere ver europeos en su corte.
—Tú ser un estúpido, feo indio. Ir a decir prÃncipe tuyo que yo haber encontrado la piedra de salagram de la pagoda de Karia. Milord haber matado todos ladrones canallas, porque yo, milord, no tener nunca miedo, ni siquiera de vuestros bâgh admikanevalla[16]. Y tú, entre tanto, meter bolsillo esta mohr[17]. Nosotros ingleses pagar siempre molestia.
Al oÃr aquellas palabras, y viendo sobre todo la gran moneda de oro que Yáñez le tendÃa como si fuera una simple rupia, los indios de la guardia se miraron unos a otros, con profundo estupor.
—Milord —dijo el jefe, confuso—, ¿es cierto lo que ha dicho?