A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —¿Qué dice?
—Sí; advertir en seguida su alteza.
—¿La verdadera piedra?
—Yes.
—¿Y cómo la ha encontrado?
—Yo hablar sólo a rajá: milord no ser hombre de poca monta.
—¿Dónde está la piedra?
—Yo tenerla y bastar: su alteza no recibir mí y yo ir a vender piedra.
—¡No! ¡No, milord!
—Entonces rajá recibir mí, y pronto. Yo sufrir spleen[18].
—Venga, le espera.
—¡Ah! Yo estar muy contento.
Hizo un gesto a los malayos y siguió al ministro o favorito, subiendo la espléndida escalinata, observando que en cada escalón había un guardia armado con carabina y pistolas.
—Se ve que no se siente demasiado seguro —murmuró Yáñez—. ¿Habrá olfateado algo? En guardia, amigo y juega bien.