A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —¿Eres tú el milord que me trae la piedra de salagram? —preguntó por fin, después de haber examinado de arriba a abajo al portugués—. Si es verdad lo que has dicho, sé bienvenido, aunque no me gustan los extranjeros.
—SÃ, yo ser milord John Moreland, alteza, y yo traer a ti caracola con cabello de Visnú —contestó Yáñez—. Tú haber prometido riquezas y honores, ¿verdad?
—Y mantendré mi promesa, milord —contestó el prÃncipe.
—Pues bien, yo a ti dar caracola.
Se volvió, haciendo una seña al malayo que llevaba el cofre para que se acercara. Quitó la seda que lo envolvÃa y fue a depositarlo a los pies del prÃncipe.
—Tú ver primero, alteza, si esa ser verdadera piedra robada.
—Hay una señal en la piedra que los gurús de la pagoda de Karia y yo conocemos muy bien —dijo el prÃncipe.
Abrió el cofre y cogió la caracola, haciéndola dar vueltas y más vueltas entre sus manos. Una vivÃsima alegrÃa se pintó en su rostro.
—Es la piedra robada —dijo por fin—. Milord, tú serás mi amigo.