A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio El sol estaba próximo al ocaso, y los elefantes comenzaban a dar muestras de cansancio a causa de la difÃcil naturaleza del terreno, que cedÃa fácilmente bajo sus grandes patas, cuando Yáñez, desde lo alto de la plataforma, vio brillar agua más allá de un bosquecillo formado exclusivamente por plantas espinosas.
—Ahà está el pantano del tigre negro —dijo.
Casi en el mismo momento se produjo una viva agitación entre los perros. Tiraban de las traÃllas y ladraban furiosamente formando un alboroto ensordecedor.
—¿Qué ocurre? —preguntó el portugués al mahout.
—Los perros han olfateado el rastro del kala-bâgh —contestó el indio.
—¿Habrá pasado por aqu�
—Seguro, sahib. Si no, los perros no ladrarÃan asÃ.
—¿Y cuándo ha pasado? ¿Hace poco?
—Sólo los perros podrÃan saberlo.
—¿Tu elefante no da muestras de agitación?
—Por ahora, no.
—Avanza hacia el pantano. Le daremos la vuelta para ver el comportamiento de los perros.
—SÃ, sahib —contestó el mahout, levantando su corta pica, provista en un lado de un gancho muy agudo.