A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Haz levantar la tienda y preparar el campamento.
—SÃ, milord.
—Una pregunta antes.
—Lo que usted guste, milord.
—¿Hay otros pantanos en los alrededores?
—Ninguno. Sólo el rÃo, pero aún queda muy lejos.
—De forma que los nilgais y los búfalos tienen que venir aquà a beber.
—A los pueblos no se acercan nunca: además sus fuentes son demasiado frecuentadas por hombres y mujeres.
Los sikkari, los lacayos y los criados, ayudados también por los malayos a los que mandaba Kammamuri, prepararon el campamento en menos de un cuarto de hora, junto a un magnÃfico pipal nim[27], de tronco enorme y de follaje oscuro y tupido, que lo cubrÃa casi todo con sus inmensas ramas.
Como se trataba de quedarse en aquel lugar quizás durante varios dÃas, los sikkari formaron como una barrera en torno al campamento con bambúes cruzados, atándolos después fuertemente, para prevenir una sorpresa por parte del terrible kala-bâgh.