A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Haré lo que usted manda.
—¿Qué quieres hacer con esos botes, Yáñez? —preguntó el Tigre de Malasia, cuando se alejó el mayordomo.
—Atraer al bâgh —dijeron Tremal-Naik y el portugués.
—¡Qué astutos!
—El olor de la grasa o manteca se extiende a grandes distancias y llegará a las narices del tigre —continuó Tremal-Naik—. Yo hacÃa lo mismo cuando era el cazador de la jungla negra, y los animales llegaban siempre, en buen número además.
—Cojamos nuestras armas y vayamos a emboscarnos fuera del campamento —dijo Yáñez—. Estoy seguro de que ese animalote caerá bajo nuestros tiros esta misma noche.
—Estoy dispuesto —dijo el Tigre de Malasia—. Cogieron sus carabinas y las municiones, colgaron del cinto el kris —que los dos piratas especialmente manejaban como nadie— y abandonaron la tienda.
—Tú ocúpate del campamento y confÃa más en mis hombres que en tus sikkari —dijo Yáñez al mayordomo, que acababa de volver.
—¿Y usted dónde va, milord? —preguntó el indio estupefacto.
—Vamos en busca del kala-bâgh.
—¡De noche!