A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio Unos furiosos ladridos se alzaban entre los bambúes y las piaras espinosas. Se veÃa a los gozques lanzarse animosos hacia delante, luego volver con precipitación hacia los elefantes, que mostraban una cierta inquietud, levantando y bajando las trompas y soplando vigorosamente.
También los sikkari se habÃan detenido, dudando entre seguir adelante o ponerse bajo la protección de los paquidermos.
—¡Eh, mahout!, ¿qué es lo que ocurre? —preguntó Yáñez, cogiendo la carabina.
—Los perros han olfateado al kala-bâgh —contestó el conductor.
—¿Y tu elefante también?
—SÃ, porque no se atreve a seguir adelante.
—Entonces el tigre está cerca.
—SÃ, sahib.
—Detente aquÃ, y nosotros bajaremos. Echaron la escala de cuerda, cogieron sus armas y bajaron.
—¡Milord! —gritó el mayordomo—, ¿dónde va usted?
—A rematar al kala-bâgh —contestó tranquilamente el portugués—. Haz que se retiren tus sikkari. No los necesito.