A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Todos los tigres que se alimentan exclusivamente de carne humana, pierden su belleza original, y su piel, poco a poco, se estropea.
—¿Será una especie de lepra? —preguntó Sandokán.
—Puede ser —dijo Yáñez—. Ya sabes que los dayaks del interior de Borneo, que también son antropófagos, sufren la misma enfermedad cuando han abusado mucho de comer carne humana.
—Lo he observado yo también, Yáñez. De todas formas, es una hermosa bestia. Y ya que hemos terminado nuestra misión, apresurémonos a regresar a Gauhati. Tenemos más trabajo allà que aquÃ.
Regresaron a su elefante entre las aclamaciones entusiásticas del mayordomo, de los sikkari y de los conductores de los perros, y volvieron al campamento.
Dieron cuenta del almuerzo que habÃan preparado los criados y, tras fumar un poco, la caravana levantó el campo y regresó a la capital del Assam.