A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —¿Y qué ha venido a hacer aqu�
—A cazar.
El griego hizo una mueca.
—¡Hum!
—¿Sabes algo de él?
—Sólo sé que de vez en cuando va a visitar a una muchacha india bellÃsima, que debe de pertenecer a las castas elevadas y que parece muy rica, porque vive en un precioso palacio con muchos servidores y doncellas.
—Hasta aquà no veo nada de extraordinario —dijo el rajá—. Muchas de nuestras mujeres se han casado con ingleses.
—¿Y si ese señor fuera un espÃa enviado por el gobernador de Bengala para vigilar todos tus actos?
Al oÃr aquellas palabras, el rostro del prÃncipe tomó una expresión casi feroz.
—¿Tienes alguna prueba, Teotokris? —preguntó, apretando los dientes.
—Hasta ahora, no.
—Entonces, ¿es una suposición?
—De momento, sÃ.
—Sin embargo, parece que tienes alguna sospecha.
El griego hizo un gesto vago, luego añadió con cierta malignidad:
—QuerrÃa ver los tÃtulos de nobleza de ese lord.