A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Tienes una policÃa a tu disposición: utilÃzala. Pero hasta que tengas una prueba en contra suyo, ese inglés será mi huésped. Él ha recuperado la piedra de salagram y no ha querido nada a cambio; por el contrario, me ha hecho un gran servicio, librando a mis buenos súbditos de Kamarpur del kala-bâgh. Tú nunca has sido capaz de tanto en sólo cuarenta y ocho horas.
El griego se mordió los labios.
—Yo no niego que sea un valiente y que la suerte le haya ayudado —dijo luego—. Pero precisamente porque es un valiente puede ser peligroso.
El rajá hizo un gesto de hastÃo y se puso en pie, diciendo:
—Deja en paz al inglés, Teotokris. Y haz avisar a mis actores para que esta noche preparen un espectáculo emocionante en el patio grande.
—Haré lo que deseas, alteza —contestó el griego.
Yáñez, satisfechÃsimo por el buen cariz que tomaban sus asuntos, tomó posesión del apartamento que le habÃa asignado el espléndido rajá.