A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio El indio hizo una profunda inclinación y esperó a que le interrogaran.
—¿Eres tú quien elige las comedias o tragedias que se representan, o es el rajá? —le preguntó Yáñez.
—Soy yo, sahib.
—¿Qué pensabas representar esta noche?
—El Ramayana, una tragedia escrita por nuestro gran poeta Valmiki, que es el más conocido en la India.
—¿De qué se trata?
—De las empresas y conquistas hechas por el dios Rama en Ceilán.
—Rama no me interesa —contestó Yáñez—. El tema quiero dártelo yo. Ven aquÃ, y escucha atentamente.
Se puso en pie y le condujo a su saloncito. El coloquio duró una buena media hora y terminó con una llamada de Yáñez al jefe de su escolta malaya.
—Da quinientas rupias a este hombre —dijo el portugués—. Esto es el regalo de milord.
El calicaren intentó echarse a los pies del generoso inglés, pero este le detuvo con un rápido gesto, diciendo:
—No es preciso. Guárdatelas y haz lo que te he dicho. Ahora ya puedes irte, y sobre todo, silencio.
—Seré mudo como una estatua de bronce, sahib.