A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Bebe esto —dijo el rajá, tendiéndole un vaso de champaña—. No está envenenado, porque he hecho abrir la botella en mi presencia y he probado el lÃquido que contenÃa.
—Yo no tener miedo de vuestra alteza —contestó Yáñez—. Gustar mucho vino blanco francés y beber en seguida a vuestra salud —vació el vaso de un sorbo y añadió—. Y ahora yo escuchar todo oÃdos a vuestra alteza.
—Dime, milord, ¿en qué relaciones estás con mi favorito?
—Malas, alteza.
—¿Por qué?
—No saber yo. Griego no verme bien aquÃ.
—Has tenido una cuestión…
—Ser verdad. Nosotros blancos reñir siempre cuando no pertenecer misma nación. Yo inglés, él griego.
—¿Sabes que quiere matarte?
—¡Ah! Yo matar él, tal vez.
—Me ha pedido que ofrezca en la corte un combate emocionante. Yo admiro a los valientes y me gusta ver a los hombres defendiendo su vida con valor.
—Yo estar dispuesto, alteza.
—¿Qué armas has escogido, milord?
—Yo haber dejado elección a tu favorito.
—¿Sabes dónde os enfrentaréis?
—Yo no saber nada.