A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio Cuando hubieron terminado, el portugués se recostó en una cómoda butaca y, fijando los ojos en el ministro, le dijo a quemarropa y en perfecta lengua hindú:
—Excelencia, vengo de parte del virrey de Bengala para tratar con usted un grave asunto diplomático.
Kaksa Pharaum se sobresaltó.
—¡Echad al inglés por la ventana!
—Le ruego que me excuse por haber recurrido a un medio… un poco extraño para acercarme a usted y…
—Entonces no es usted británico…
—SÃ, un auténtico lord inglés, primer secretario y embajador secreto de su excelencia el virrey —contestó Yáñez imperturbable—. Mañana le mostraré mis credenciales.
—PodÃa usted haberme pedido una audiencia, milord. No se la habrÃa negado.
—El rajá no hubiera tardado en ser informado, y yo, por ahora, deseo hablar solamente con usted.
—¿Acaso el gobierno de las Indias tiene alguna idea sobre el Assam? —preguntó Pharaum, asustado.
—Ninguna en absoluto, tranquilÃcese. Nadie piensa amenazar la independencia de este estado. No tenemos que hacer ningún reproche a Assam ni a su prÃncipe. Pero lo que debo decirle no debe oÃrlo nadie, de forma que serÃa mejor, para mayor seguridad, que mandara a la cama a los sirvientes.