A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio HabÃa descendido la noche cuando el grupo llego ante la bangle, escondida entre el cañaveral.
—¿Nada sospechoso? —preguntó Sandokán a los dos dayaks que habÃan permanecido a bordo.
—No, patrón —contestaron a una voz.
—Embarquemos y regresemos en seguida. No sé qué me ocurre, pero no estoy tranquilo esta noche.
—¿Qué temes? —preguntó Tremal-Naik, saltando al puente—. Hasta ahora todo va bien.
—SÃ, pero preferirÃa estar ya en la pagoda subterránea.
—Realmente estás nervioso.
—Es el secuestro de Surama lo que me ha quitado mi tranquilidad habitual —contestó Sandokán—. No dejo de preguntarme por qué se la han llevado.
—El faquir está en nuestras manos y nos lo dirá.
En aquel momento dos detonaciones rompieron el silencio que reinaba en el rÃo, y su eco sonó siniestramente bajo el tupido bosque que se extendÃa a lo largo de las orillas.
Sandokán dio un salto.
—¡Las carabinas de mis hombres! —exclamó—. ¡Amigos, preparémonos al combate!