A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Preparaos para partir —les dijo Sandokán—. Coged todo, lo que puede ser necesario para acampar en medio de la selva, y venid a reuniros con nosotros en la bangle. Ocupaos bien del ministro y del capitán de los sikhs. ¡A mÃ, Bindar! Y también tú, Tremal-Naik, con cuatro hombres de escolta.
Seguro ya de que los soldados del rajá no le molestarÃan más, se dirigió hacia el rÃo acompañado por los dos indios y cuatro malayos.
—Ahora, veamos, Bindar —dijo Sandokán—. ¿Conoces bien los alrededores?
—SÃ, sahib.
—¿Dónde podemos encontrar un refugio seguro?
El assamés reflexionó un momento, y dijo:
—No estarás seguro más que en la jungla de Benar.
—¿Dónde está?
—En la orilla opuesta del rÃo, a cuatro o cinco millas de distancia, pero…
—Sigue.
—Es evitada porque la frecuentan los tigres.
—No te preocupes por eso —contestó Sandokán, alzándose de hombros—. Nosotros somos tigres, asà que poco hemos de temer a los de cuatro patas. ¿No se aventura nadie por esa selva?
—¡Oh, no! Tienen demasiado miedo.
—¿Es espesa?