A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Cubrámosla para que no la encuentren y se la lleven —dijo Sandokán.
—Es inútil, sahib —dijo Bindar—. Este pantano es más peligroso y más temido que el terrible lago de Jeypore.
—No te comprendo.
—Mira entre esas plantas acuáticas.
Sandokán y Tremal-Naik siguieron con la mirada la dirección que les indicaba el indio y vieron tres o cuatro cabezas monstruosas y afiladas.
—¡Cocodrilos! —exclamó el Tigre de Malasia.
—Y muchos, sahib —confirmó Bindar—. Hay centenares, quizás miles.
—No nos dan miedo. El amigo Tremal-Naik los conoce bien.
—En la jungla negra pululaban —intervino el bengal×. He matado muchÃsimos, y puedo añadir que son menos peligrosos de lo que se cree.
Los malayos y dayaks cargaron con sus fardos, cogieron las armas y bajaron a tierra, después de anclar firmemente la bangle.
—¿Está lejos la pagoda? —preguntó Sandokán.
—A una milla apenas, sahib.
—En marcha.