A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —¡Hemos llegado al final! —exclamó Tremal-Naik. Terminaba apenas estas palabras, cuando una inmensa masa cayó de improviso sobre ellos, derribándolos unos sobre otros, y apagando la antorcha.
Sandokán se levantó en seguida y disparó a ciegas, imitado a continuación por Kammamuri que no había soltado la pistola.
Tremal-Naik, más prudente, conservó su carga, temiendo una nueva ofensiva de la fiera. Esta, después de aquel gran salto que echó patas arriba a los cazadores, escapó, regresando al corredor.
—¡Esa pantera tiene el espíritu de Kali! —exclamó Tremal-Naik—. ¡En buen apuro estamos! ¿Quién tiene yescas?
—Yo no —contestó Sandokán.
—Tampoco yo —añadió Kammamuri.
—Tendremos que retirarnos a oscuras.
—Ya conocemos el corredor y creo que el regreso no-será difícil —contestó el Tigre de Malasia.
—¿Y si la pantera nos espera emboscada?
—Eso es lo que temo.
—Vuelve a cargar en seguida, y tú también Kammamuri. De un momento a otro podemos encontramos otra vez frente a la kerkal.
—Y también puede…
El maharato no terminó la frase. Un gruñido, que acabe en un soplo ardiente, le detuvo.