A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —¡Aquà hay otra pantera! —exclamó Sandokán, dando una rápida vuelta atrás.
—¡Cierto! —asintió Tremal-Naik—. La primera no estaba sola.
—¡En retirada!
—Y pronto —añadió el bengal×. Aquà corremos peligro de que nos ataquen de frente y por la espalda.
Sandokán lanzó una imprecación.
—¡Volver atrás ahora, que ya estaba en nuestras manos!
—Las echaremos más tarde. ¡Ven, no perdamos tiempo!
Salieron de la sala, retrocediendo lentamente para no dejarse sorprender. Sólo Kammamuri, que ya habÃa cargado de nuevo su pistola, volvÃa la espalda a la puerta para hacer frente a la primera pantera, escapada a través del corredor.
El momento era terrible, pero los tres valientes no habÃan perdido su calma admirable, aunque estaban más que seguros de que sufrirÃan un nuevo ataque antes de llegar a la pagoda y de reunirse con sus compañeros, quienes debÃan de estar muy inquietos al no verles volver después de los cuatro disparos.
—Mantengámonos unidos —dijo Sandokán a sus compañeros—. Si nos hemos quedado sin antorcha, por lo menos poseemos nuestras armas de fuego.