A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —¿Quién te ha encargado que nos atacaras?
—El rajá.
—¿Quién habÃa dicho a su alteza que habitábamos en te pagoda subterránea?
—Yo estoy acostumbrado a obedecer a las personas que me pagan y no a preguntarles por sus asuntos —contestó el capitán.
—¿Cuánto te da al año el rajá?
—Doscientas rupias.
—Si alguien te ofreciera mil, ¿dejarÃas al rajá?
Los ojos del demjadar relampaguearon.
—Piénsalo —dijo Sandokán, a quien no habÃa escapado aquel relámpago que traicionaba una intensa codicia—. Sobre esto me contestarás más tarde, ahora quiero saber otras cosas.
—Habla, sahib.
—¿Eres tú quién manda la guardia real?
—SÃ, soy yo.
—¿De cuántos hombres se compone?
—De cuatrocientos.
—¿Todos valientes?
Una sonrisa casi despectiva apuntó en los labios del demjadar.
—Los sikhs de la montaña saben morir y no cuentan a sus enemigos —dijo luego.