A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —¿Quién te dio la orden de secuestrar a la mujer?
—Un ministro, amigo Ãntimo del rajá.
—¿Y como lo hiciste?
—Primero la dormà con unas flores; después la bajé por la ventana. Abajo estaban los servidores del favorito.
—¿Dónde la llevaron?
—A casa del hombre blanco.
—¿Dónde está?
—En la plaza de Bogra.
—¡Bindar!
El assamés, que se hallaba a escasa distancia, masticando una nuez de areca con un poco de cal, acudió a toda prisa.
—¿Sabes dónde está la plaza de Bogra? —le preguntó Sandokán.
—SÃ, sahib.
—Perfecto; continúa, gussain.
—¿Qué más quieres saber? —preguntó Tantia—. Ya te he dicho demasiado.
—Pero has ganado doscientas rupias.
—¿Me las darás?
—Yo soy hombre que mantiene sus promesas, no lo olvides, faquir.
—Entonces, puedo añadir algo a lo que te he dicho —dijo Tantia.