A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —¿Qué es?
—He sabido que el chitmudgar del favorito ha hecho beber a la joven no sé qué mezcla, para hacerla hablar.
Sandokán se sobresaltó.
—¿Y ha hablado? —preguntó con ansiedad.
—Seguro, puesto que han atacado la pagoda donde tú te ocultabas.
—¿Habrá comprometido a Yáñez? —se preguntó a media voz Sandokán, mientras su frente se cubrÃa de sudor frÃo.
Se puso a pasear por la explanada con los puños apretados, el rostro alterado. De pronto, tuvo un repentino ataque de furor:
—¡Perro griego! —gritó tendiendo un brazo en dirección a la capital del Assam—. No abandonaré este paÃs sin haberte arrancado el corazón. ¡Igual que maté al Tigre de la India, te mataré a ti!
También Tremal-Naik parecÃa preocupado y nervioso. Se preguntaba sin cesar qué palabras podÃan haber arrancado de los labios de Surama. Él habÃa probado personalmente —cuando trató de luchar con los estranguladores de la Jungla Negra—, el efecto de narcóticos misteriosos, que sólo algunos indios conocen.
Si habÃan conseguido descubrir la finalidad de su presencia en el principado de Assam, ocurrirÃa una completa catástrofe, pensaba.