A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio Dos vastas alas —destinadas a albergar servidumbre, caballos y elefantes— se extendÃan a sus costados.
—¡Asà que es aquà dónde viene a descansar aquel bribón, y donde quizás se encuentra Surama! —exclamó Sandokán.
—¿Quieres que tomemos la casa por asalto? Tus malayos están dispuestos —dijo Tremal-Naik.
—SerÃa una gran imprudencia —contestó el pirata—. No estamos en Borneo y nos interesa actuar con la máxima prudencia.
—Entonces, ¿para qué hemos venido?
—Para estudiar un poco la casa. De dÃa nos verÃan enseguida.
—Sin embargo, no serÃa difÃcil escalar la galerÃa inferior —dijo Kammamuri.
—Tengo otra idea. Lo que necesito es saber si Surama está realmente aquÃ, y en qué estancia. Demos la vuelta al palacete y estudiemos sus puntos más accesibles. Luego volveremos a hablar del asunto.
El bungalow del griego estaba completamente aislado: también su parte posterior tenÃa galerÃas sostenidas por columnas y cerradas con ligeras esteras de cocotero para resguardarlas de los ardientes rayos del sol indio.