A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio Esta especie de posadas son frecuentadas casi exclusivamente por viajeros que se detienen pocos dÃas. Consisten en una casa de forma rectangular, de un solo piso dividido en varias habitaciones, con un pequeño baño cada una y amuebladas con mucha sencillez —sólo tienen una cama, una mesa y un par de sillas o enormes sillones de altÃsimo respaldo, con asientos de un metro de largo, de forma que las piernas pueden estirarse a la altura del cuerpo, y construidos con madera de rotang[36].
Se paga una rupia por estancia —tanto si dura dos o tres dÃas como unos minutos—, y la comida tiene una tarifa especial.
El mayordomo —porque también en estos establecimientos se encuentra el inevitable chitmudgar— y los servidores estaban ya en pie, esperando a los viajeros que pudieran llegar.
—Alojamiento y comida para todos nosotros —dijo Tremal-Naik al importante individuo que dirigÃa la posada—. Nos detendremos unos dÃas, y pondrás a nuestra disposición todas las habitaciones.
—Tú, sahib, serás servido como un rajá o un marajá —contestó el chitmudgar—. Mi bungalow es de primera clase.
—Y nosotros no miraremos el precio, con tal de que la comida sea buena —dijo Sandokán—. De momento, traemos algo de beber.