A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio El mayordomo les introdujo en una salita donde habÃa una mesa y cómodos sillones; hizo servir a los viajeros un vaso lleno del vino llamado toddy —claro, algo espumoso, agradable al paladar y muy saludable—, una caja llena de hojas —semejantes a las del pimentero o la hiedra— con un poco de cal, y unos pedacitos de areca, que tiñe la saliva y los labios de rojo: el betel indio.
—Ahora nosotros, Bindar —dijo Sandokán, después de vaciar un par de vasos de toddy—. En este asunto, has de desempeñar un papel muy importante.
—Mi padre era un fiel servidor del padre de la princesa, y su hijo lo será también —contestó el indio—. Manda, sahib, y yo haré cuanto quieras.
—Necesito que traigas aquà a beber a algún criado de casa del favorito.
—Eso no será difÃcil. Un indio no rehúsa nunca un buen vaso de toddy, especialmente cuando no ha de pagarlo.
—Entonces, irás a rondar por la plaza de Bogra, y harás morder el anzuelo al primer sirviente que salga. Puedes hacerlo de la mejor forma posible, y si se necesitan rupias, paga con liberalidad. Pongo cien a tu disposición.
—Con esa suma, compro la conciencia de veinte criados.