A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —¿Y Tremal-Naik?
—Seguro que en este momento está cenando y sin demasiados problemas.
—Pero tú…
—Espera un poco; debo explicarte que estoy aquà en calidad de invitado y no de prisionero. Ahora, contéstame a lo que voy a preguntarte. Ante todo: ¿vendrá alguien a estorbarnos?
—De momento, no. Tenemos un par de horas de libertad.
—No necesito tanto tiempo. ¿Te han maltratado?
—No, señor; todo lo contrario.
—¿Te han interrogado?
—TodavÃa no; sin embargo, hay en mi cerebro un recuerdo confuso.
—¿Cuál?
—Puedo haberlo soñado.
—ExplÃcame ese sueño, Surama —dijo Sandokán.
—Me parece haber visto unos hombres en torno a mi cama, y haber oÃdo extrañas palabras; después me parece; que me dieron una bebida, un licor fuerte y muy amargo. Puede que haya algo de cierto en todo ello, porque cuando me desperté en esta cama, tenÃa la cabeza confusa y me temblaban los miembros como si hubiera bebido bâng.
—¿Qué es eso?