A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Mi padre murió defendiendo al de la princesa y yo, que soy su hijo, estarÃa contento de poder hacer otro tanto —contestó con nobleza el assamés—. Manda, sahib.
—Ante todo, irás a presentar este libramiento de cincuenta mil rupias al banco anglo-assamés, y pagarás a los criados.
—Muy bien, sahib; te traeré fielmente el resto no más tarde de mañana por la noche.
—No hay prisa —dijo Sandokán—; tienes que hacer otra cosa, antes de reunirte conmigo en la jungla de Benar.
—Manda, sahib.
—Irás al palacio real, y tratarás de ver a Yáñez o a alguno de sus hombres.
—¿Qué debo decir al sahib blanco?
—Contarle todo lo ocurrido y decirle dónde nos encontramos. Si te da una carta, alquila una barca y ven a reunirte con nosotros en la jungla. Sé prudente, y ten cuidado de que no te cojan.
—No me dejaré sorprender, señor —contestó Bindar.
—Ve, muchacho; tu fortuna está asegurada.
El assamés besó el borde del vestido de Surama, y se alejó velozmente, desapareciendo bajo los árboles.