A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio Sandokán se situó a proa, como de costumbre, con Tremal-Naik y Surama. Los vigilantes ojos del pirata observaban atentamente la orilla, porque después de lo que le habÃan contado los centinelas, sentÃa cierto recelo.
En efecto, la bangle no habÃa recorrido aún doscientos metros, cuando vio salir de una pequeña ensenada, escondida por gigantescos tamarindos, una barca ligera, de las que los indios llaman mur-punky, que se parecen por la forma a las balleneras, aunque tienen la proa un poco elevada y acornada con una gran cabeza de pavo real.
—¡Ah, canallas! —exclamó—. Me esperaba esta persecución.
—¿Nos dejaremos atrapar por esos hombres? —preguntó Surama.
—Aún no hemos llegado a la jungla de Benar —contestó Sandokán—. Y quién sabe lo que puede ocurrir antes de que emboquemos el canal que lleva al pantano de los cocodrilos. Quizá ofrezca una cena apetitosa a esos feos animales, a pesar de que los detesto.
—Esos hombres pueden convertirse algún dÃa en súbditos mÃos.