A la conquista de un imperio

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Pero, de repente, la ligera chalupa se salió de la estela, desviándose hacia la derecha, y con un esfuerzo de sus remeros pasó a la bangle —la cual, por su pesada construcción y sus anchos costados, no podía vencerla en velocidad—. Pero, con no poca sorpresa de Sandokán y Tremal-Naik se dirigió hacia la orilla izquierda, donde —bajo las inmensas frondas de los tamarindos que costeaban el río— se divisaba una masa negra.

—¿Qué significará esta maniobra? —se preguntó el pirata, frunciendo el ceño.

—¿Nos habremos equivocado? —dijo Tremal-Naik.

—Despacio, amigo —contestó Sandokán—; y ante todo, ¿qué será esa sombra grande, escondida bajo las plantas?

—Da orden al timonel de que se acerque a la orilla. Quiero ver claro este asunto.

—¡Eh! Mira Tremal-Naik: el mur-punky la ha abordado.

—¿Será una bangle? En tal caso, no tendríamos que asustarnos. Los hombres del mur-punky podrían ser marineros que regresan a bordo de su barco.

—¡Hum! —exclamó Sandokán—. Esto no me gusta nada. ¡Eh, Kammamuri más a sotavento!

La bangle se desvió hacia la orilla izquierda mientras los malayos disminuían la marcha y pasó ante la masa oscura, a treinta o cuarenta metros de distancia.


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