A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —¿Y con qué cañón la lanzarás a bordo del poluar? —preguntó Tremal-Naik.
—Iré yo a regalársela a esos señores —contestó Sandokán—. Tendremos que esperar la noche, porque el sol ya se alza; pero nosotros no tenemos prisa y nuestros compañeros de la jungla no se inquietarán por el retraso.
—No comprendo lo que estás tramando.
—Lo entenderás cuando me veas llevarlo a cabo. Ve a descansar, Surama; debes de estar muy fatigada. Te despertaremos a la hora de comer; y tú, Kammamuri, ve a fabricar la bomba, y pon entre la pólvora todas las bala; de carabina que puedas. Veremos como se las arregla el poluar.
Encendió la pipa y se dirigió a popa de la embarcación para vigilar los movimientos de aquellos misteriosos navegantes.
El pequeño navÃo, levadas las anclas y sueltas las dos velas cuadradas, abandonó la orilla y teniendo viento favorable, se puso detrás de la bangle, manteniéndose a una distancia de trescientos o cuatrocientos metros. A popa remolcaba el mur-punky.