A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio Numerosas bandas de semnopitecos —un tipo de monos muy ágiles que los indios llaman langur, y son tan delgados que, aunque alcanzan un metro y medio de altura, no sobrepasan los diez kilogramos— se dejaban ver en los árboles y saludaban a los navegantes con agudos silbidos, lanzándoles al mismo tiempo fruta y ramitas, porque son muy insolentes.
Sobre los cañaverales de las orillas revoloteaban grupos de hermosos patos, de cigüeñas, de bozzagros y de marabúes, mientras gruesos cocodrilos de dorso rugoso y cubierto de plantas acuáticas dormitaban indolentemente, calentándose al sol.
A mediodÃa, Sandokán hizo dirigir la bangle hacia la orilla izquierda y echar el ancla, para que sus hombres pudieran comer.
El poluar continuó la marcha otros trescientos o cuatrocientos metros, tal vez para no despertar sospecha; pero después se desvió hacia la orilla derecha, anclando en una minúscula bahÃa, donde el agua era aún bastante profunda.
Por el humo que salÃa de la caseta de popa, Sandokán adivinó en seguida que también la otra tripulación preparaba la comida del mediodÃa.
—¿Aún tienes dudas sobre las intenciones de esos hombres? —preguntó a Tremal-Naik.