A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Ahora pensemos en nuestro asunto —dijo Sandokán—. La noche es oscura y nadie me verá atravesar el rÃo.
—¡Te devorarán! —exclamó Tremal-Naik, asustado.
—¿Quiénes?
—Hay cocodrilos y también escualos de agua dulce en las aguas del Brahmaputra.
Sandokán se encogió de hombros y, sacando de la faja su kris malayo, dijo con indiferencia:
—¿Y para qué sirve esta arma? Cuando el viejo pirata de Mompracem la tiene en la mano, se rÃe de todos. Mi carne no es para ellos, tranquilÃzate.
—Deja que te acompañe.
—No. amigo. En estos asuntos, tiene que actuar un solo hombre.
—Aún no me has explicado tu proyecto.
—Es muy sencillo. Voy a colgar la bomba en los goznes del timón del poluar, enciendo la mecha y vuelvo tranquilamente a bordo de mi bangle. ¡Ya verás los destrozos que hace el kilo de pólvora! Estoy preparado, Kammamuri.