A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Haré buscar al culpable y le castigaré como merece —dijo el rajá—. Aunque no te oculto que será un poco difÃcil descubrirlo. Otra cosa es la culpa que has cometido tú, y que es gravÃsima. Esta mañana ha venido a verme el jefe del pueblo en que cazaste —que para desgracia tuya es uno de los más influyentes del reino— a decirme que tus hombres y tú matasteis la vaca sagrada, protegida por Brahma.
—Yo creÃa de buena fe que era un bisonte de la jungla.
—El jefe del pueblo sostiene lo contrario y te desafÃa a probarlo.
—¡Me desafÃa! —saltó Yáñez—. ¿A tiros, tal vez? Que venga y le saldaré la cuenta con una bala en la cabeza.
—No creo que sea capaz de tanto —dijo el rajá, con una ligera sonrisa—. Quiere desafiarte a probar lo contrario.
—¡Cómo! ¿Pretende tener razón?
—Eso mantiene.
—¿Dónde está ese sinvergüenza?
El prÃncipe cogió un mazo de plata que habÃa sobre una mesilla y dio tres golpes sobre un disco de bronce colgado de la pared.